Desde la antigüedad hasta nuestros días, los senos han sido un importante elemento de belleza femenina. La vida de los senos está muy ligada a la vida de la mujer y se modifica en tres etapas críticas: pubertad, embarazo y menopausia.
El cuidado del pecho debe estar basado en el propósito de fortalecer la musculatura pectoral, debe iniciarse en la pubertad y no abandonarse nunca. Si los músculos de suspensión se atrofian, ni los masajes, ni los cosméticos, ni ninguna terapia natural, son capaces de devolver la turgencia perdida.
La piel de los senos es muy delicada, más que la del rostro. Es conveniente preocuparse de hidratarla diariamente y de nutrirla semanalmente. Para esto último es útil una mascarilla, de arcilla para piel grasa, de aceite para la piel seca y de naranja para las pieles normales, cuyas recetas os facilitaremos en los próximos artículos.
La constancia en todos los casos es imprescindible. El tejido conjuntivo de los senos jóvenes puede ser fortalecido, previniendo una precoz flaccidez.
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